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Pregon San Bartolo 2016
Escrito por Ayuntamiento    Lunes, 29 de Agosto de 2016 09:39    PDF Imprimir E-mail
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PREGÓN DE LAS FIESTAS PATRONALES “SAN BARTOLO-2016”

L A     C O R O N A D A

La noche ha tendido su manto. La plaza está a rebosar de público y ornato. La temperatura ambiente es muy cálida, pero no tanto como las relaciones que observo entre el personal: apretones de manos, besos, abrazos… Una imagen de la Virgen se ilumina en medio de la riada humana. No hay dudas: estoy en La Coronada, es la noche del 23 de agosto, momento de la Entrada de la Virgen. Debo, pues, disponerme a pregonar. Pregonar La Coronada, sus gentes, sus fiestas patronales de San  Bartolomé y Virgen de la Piedad. Y empezaré con un toque de trompetilla, como lo hacían los pregoneros coroneles de mi infancia y juventud al anunciar cualquier evento.

[Toque de trompetilla del tío Ángel el alguacil/José Maldonado]

Autoridades civiles y eclesiásticas.

Reina de las fiestas y Damas de honor.

Coroneles residentes y emigrantes y visitantes diversos presentes en esta histórica Plaza de La Coronada.

Coroneles y allegados que me seguís en directo a través de internet.

Coroneles que estáis a muy larga distancia física y sin conexión tecnológica alguna, pero que se os siente aquí, con nosotros, porque en esta noche mágica -como la califica nuestro alcalde- tenéis el don de la ubicuidad… A todos muy buenas noches.

Lo primero que deseo expresar es mi mayor reconocimiento y gratitud a los miembros de la Corporación municipal que me han confiado este pregón por voz de su alcalde. Y mi reconocimiento también a todas aquellas personas que, sin ninguna obligación, han impulsado a lo largo de los tiempos estas fiestas patronales. A ellas les dedico el pregón. A buen seguro que son muchas y anónimas en su mayoría; yo quiero personificarlas a todas en aquel grupo de coroneles que en los años setenta del siglo pasado, dieron a las fiestas el empuje que las engrandecieron y encarrilaron hacia el esplendor actual. Porque merced a aquel colectivo, no hubo que traer nunca la imagen de la Virgen desde su ermita por medios mecánicos; los actos de San Bartolo se reforzaron con el festival folclórico y el de Música, poesía y convivencia, que llamaban. Además, llenaron la semana previa de cultura, que por entonces tocaba ser reivindicativa de lo social, lo popular, lo extremeño. A ellos, y a tantos voluntarios de antes y después, mis respetos.

Y ahora a pregonar, pero no sé qué. Porque La Coronada, sus gentes y sus fiestas se pregonan por sí mismas mejor que con el torpe decir de este aprendiz de pregonero que os habla. Pregonar lo concerniente a nuestra patria chica ya lo hicieron desde antiguo, con su diario proceder, coroneles como: Cristóbal González, inspector de las minas de plata de Santo Domingo en el siglo XVI; o Marcos Ramos, canónigo de la catedral de Lima en el XVII; o José Salustiano de Cáceres, corregidor de Trujillo; o Antonio González-Ocampo, relator de la Audiencia de Cáceres (por cierto, tatarabuelo de Luis-Alberto de Cuenca, el más reciente Premio Nacional de Literatura y exdirector de la Biblioteca Nacional); o Antonio Horrillo, que pregonó La Coronada desde la prensa de su época; o Miguel Muñoz González de Ocampo; o el ingeniero del Estado Lorenzo de la Cruz Fernández de Arévalo.

Más cercanos a nosotros son coroneles que pregonan su pueblo, por ejemplo, cierto exdirector provincial del ministerio de Agricultura, o profesores que se devanan los sesos en diversas Universidades. O la responsable de Medicus Mundi-Extremadura. O el mismísimo director del Instituto de Medicina Legal de Valencia. O nuestro joven pianista, siempre de guardia, Manuel Muñoz.

Igual de estupendamente han pregonado La Coronada de su tiempo, o la pregonan, los tramperos que en la historia han sido, ejerciendo sus habilidades de caza en las dehesas de la Real Serena obligados por el sustento de sus familias, porque en nuestro pueblo no todo ha sido miel sobre hojuelas. O los numerosos herreros, que han inundado durante todo el siglo XX buena parte de España de tijeras de esquilar y hoces ¡de las de mejor calidad del mercado (más de 50.000 hoces por año)!, hasta el punto de haber sido identificado nuestro pueblo como el de las hoces de Extremadura ¿Y qué decir de esos paisanos que, dirigidos por un técnico superior, han recuperado recientemente para el mundo la raza de gallinas llamada “Extremeña azul”, genéticamente perdida? Y así podríamos continuar, porque La Coronada, queridos paisanos y visitantes, da para mucho, como se sabe, pero no es tiempo ni lugar.

¿Y qué Coronada han pregonado o pregonan estos y otros coroneles, o cualquiera de nosotros? Pues La Coronada que llevamos tan dentro y tan a flor de piel al mismo tiempo, La Coronada de nuestros sentires y quereres. Porque todos queremos a nuestra Coronada, aunque no todas sus cosas nos gusten.

Queremos a La Coronada porque nos ha dado la vida y nuestra peculiar manera de imaginar e interpretar el mundo. Queremos a La Coronada que es agua “bandera azul” en el Zújar y Guadiana. La Coronada que es sol convertido en mares de trigo y cebada por nuestros agricultores. La Coronada que es tierra de olivares y pastizales; pastizales y ovejas productoras de queso de reconocida y premiada excelencia. La Coronada que es paisaje cargado de belleza en sus pizarrales y dientes de perro anunciadores de la sin par Serena, y también cargada de belleza en sus hondonadas y colinas que son hábitat de especies esteparias de creciente interés para el mundo científico, algunas de ellas.

Queremos a esta Coronada de calles tortuosas y casas de arquitectura popular, y su iglesia, con las sempiternas cigüeñas. Queremos y nos gusta esta Coronada por la cadencia de los toques de sus campanas del reloj y parroquia, y por la sinfonía grave y dulce, pero ¡ay! cada vez más apagada y en el recuerdo, del martillo-pilón de sus fraguas. Queremos a esta Coronada con sus carnavales, su feria de marzo y su Semana Santa, cada vez más brillantes. ¡Y con su romería! ¡Y, cómo no, con su Entrada de la Virgen, y su San Bartolo! Queremos a La Coronada de los avances en equipamientos y servicios (aunque todavía nos falten algunas cosillas). Esta Coronada cuyos hijos e hijas se esfuerzan en su laborar diario. La de sus niños y jóvenes, cada vez más formados académica y culturalmente. La de sus veladas poéticas. La Coronada del club San Bartolomé, la de sus galgos y galgueros, las de sus caballos y caballistas. La de sus grupos de sevillanas, la de la asociación de mujeres, la de… Queremos a nuestra Coronada por hospitalaria y fraterna, hoy como en  de 1936.

Y para el futuro queremos el mejor pueblo. Esa Coronada que nos tenemos que seguir labrando entre todos. Trabajando hombro con hombro y con entusiasmo. Una Coronada donde haya pleno empleo; donde creemos puestos de trabajo, como se crearon en tiempos no tan pasados, pues muchos de nosotros hemos conocido industrias de harinas, molturación de aceitunas, muebles, calzados y hasta once talleres de forja en simultáneo. Una Coronada donde la juventud encuentre el mejor acomodo y el pueblo crezca en habitantes, esperanza e ilusión. Ésta habrá de ser por siempre nuestra gran meta, la de todos nosotros al unísono. Porque sabemos que nada nos vendrá llovido como el maná.

Bueno… Nada, no; las fiestas sí vienen y vendrán cada año. Porque los coroneles somos duchos en eso de poner la mejor cara incluso al peor tiempo (que no es el caso), procurando además que cada San Bartolo tenga “más luces” que el anterior. No en balde son unas celebraciones que se pierden en la noche de los tiempos en lo tocante al Apóstol, porque el culto a la Virgen, en esta fecha de agosto, es muy reciente, si bien enseguida enraizó y se hizo de lo más popular al tiempo que decaía la devoción al Santo. Y es que la Virgen de la Piedad está por encima de ideologías y credos para la mayoría de coroneles. No obstante, valga la licencia, es fácil imaginarse a San Bartolo presidiendo, al alimón con la Virgen de la Piedad, todos los colectivos coroneles del Cielo a petición expresa de cada uno de ellos.

Y en cuanto a los programas de actos oficiales religiosos y civiles, y de tipo privado, no es necesario pregonar gran cosa, porque los tenemos en la cartelería y en internet; solamente decir que son de lo más variado, con actos y atracciones para todos los públicos: el muy joven, el joven y el que no lo es tanto; el de casa y el visitante.  Actos y festejos para quien es aficionado a concursos y para quien no; para el que es partidario de los toros y para quien aboga lo contrario; para quien guste del baile y los churros de la velá y para quien pase de ello; para el que desee asistir a la procesión y para quien opine que ya la mañana va avanzada y es la justa hora de acostarse. Para todos.

Y dicho lo cual, queridas paisanas, paisanos y visitantes, sólo me resta confirmaros lo que ya sabéis: que es San Bartolo desde más allá de la Fama hasta Santa Lucía; desde más arriba del Parador y la Pililla hasta la Fábrica. Pasando por el Pilar, las Cuatro Esquinas, la Fuente, la plazoleta de Flores, la Laguna, Tierno Galván, la zona botellón, esta misma Plaza y todos los rincones del pueblo. Así que… ¡a disfrutar!

Muchas gracias a todos, y un abrazo fraterno a los que estáis en la Plaza, y a los que sin estar, también estáis, y a plenitud.

¡Viva el San Bartolo 2016!

¡Y viva nuestra querida Coronada!

¡Nos vemos!

La Coronada, Extremadura, 23/agosto/2016.

Juan José Arias.

 
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